La ciudad
es un lenguaje que induce a la prisa de los días
y amotina el tiempo de los silencios;
la que se emerge distinta, y se inventa inmutable
en su luz, más íntima y simétrica,
y aprisiona el ánimo entre sus voraces límites
La ciudad es el eco de una tristeza mundana
que centellea en las calles húmedas
que amortaja la amargura del olvido
y dilapida el deterioro de la memoria.
La ciudad acompaña en el dolor del invierno.
Envejecemos con ella.
Y su asfalto nos reclama las huellas descuidadas
en el puente de los espejos,
en el desván de los deseos,
cuando frágil, el tiempo amanece
entre sábanas desnudas de luz
La ciudad eres tú,
batalla perdida en la guerra del frío,
marchito amor que nos dejó insomnes
sin rastro de nosotros. |